ANTONIO DE LA FUENTE ARJONA
Home arrow Fragmentos arrow PRESENTACIÓN PALABRA DE CAÍN
Menu Principal
Actor
Teatro
Televisión
Cine
Publicidad
Otros
Autor
Teatro
Narrativa
Literatura infantil
Fragmentos
Otros
Director
Director de Teatro
PRESENTACIÓN PALABRA DE CAÍN Imprimir E-Mail

Texto completo de la presentación en Madrid de PALABRA DE CAÍN, de Antonio de la Fuente Arjona (Editorial Hiria) a cargo de Carmen de Hita:

     "Antonio de la Fuente Arjona es un artista plural en cuya biografía podemos encontrar una paleta de múltiples colores y actividades: es actor de cine, teatro y televisión, pero también director y escritor de teatro y novelista. Y en esta última faceta, como novelista, sin duda la más personal e íntima, siempre me sorprende por su original mirada sobre los temas que trabaja y por su versatilidad, creando textos adecuados al público al que se dirige, ya sea infantil o adulto, manteniendo su libertad de expresión, sin traición al mensaje que desea trasmitir.
La amplitud de su capacidad creativa podría resumirse diciendo que estamos ante un artista honesto con su propio trabajo, siempre comprometido con lo que expresa y capaz de comunicar con públicos muy amplios y diferentes.
Así, algunos de sus libros para niños, como La sombra misteriosa, El ladrón de palabras y Mi amigo Fremd habla raro pueden definirse como literatura de clara orientación pedagógica. Sin embargo esta faceta de su trabajo no nos permite presagiar el impactante y descarnado contenido de sus textos de literatura adulta, como son  El diálogo de la agonía y Al otro lado.
Así y todo, aunque Antonio nos tiene acostumbrados a la sorpresa, en esta ocasión nos presenta un libro que va más allá. Palabra de Caín es una sorprendente vuelta de tuerca en su producción literaria que, sin duda, no va a dejar indiferente al lector en ningún caso.
Escrito en la intimidad de la primera persona y en formato de diario, Palabra de Caín es una insólita novela que nos remite a una original interpretación del antagonismos entre dos personajes presentes en nuestra memoria cultural colectiva, Caín y Abel. La novela nos presenta el diálogo de Caín consigo mismo y, al mismo tiempo con su “hermano” Abel, su amor, su opuesto, su otra parte del espejo, su alter ego. La palabra “hermano” adquiere en las páginas de este libro matices extravagantes y escandalosamente inusuales.
La obra se recrea en las reflexiones de Caín, espectador de su propio dolor y de su propia herida, construyendo un relato irreverente y socialmente incorrecto, que ataca con saña los prejuicios contra la libertad sexual y la libertad de pensamiento, y a su vez exalta  conceptos que no están “bien vistos” desde los estamentos sociales más conservadores, donde probablemente se sentirán escandalizados ante este texto descarnado y sin concesiones.
Parafraseando los textos bíblicos que relatan la historia de los dos hermanos por antonomasia, Caín y Abel,  el relato se nutre de un rico contenido simbólico que se sostiene sobre estereotipos creados a partir del manoseo de las frases sagradas cargadas de ambiguos y nuevos contenidos. Frases reconocibles por todos nosotros, gravadas en nuestra mente infantil desde la edad más temprana y utilizadas por nuestros instructores en la ardua tarea de nuestra “formación moral cristiana”.
Pero no podemos olvidar, al leer este texto, que se trata del relato de Caín, es decir, la versión del asesino sobre su relación de amor-odio con la víctima, el asesinado Abel. Y esta situación va a mantener al lector en la alerta y la sospecha permanente. Ante la confusa mirada del lector, Caín se muestra ambiguamente, como víctima y verdugo, intentando en todo momento seducirse a sí mismo y de paso seducir al agazapado lector que observa la escena desde la penumbra, como un auténtico voyeur, hasta que llevado y traído por un sin fin de emociones el relato le enfrente al dilema: ¿podremos creer en la versión de un asesino?
El texto disecciona la relación íntima, sexual, entre ambos personajes ¿pero, quienes son Caín y Abel?: ¿el bien y el mal?, ¿el yin y el yang?, ¿el mal y el mal?, ¿el bien y el bien? Finalmente el lector comprende que ninguna respuesta es suficiente, porque Caín y Abel son tan sólo seres palpitantes en la vida, ni más ni menos que el contenedor y el contenido de la pasión humana; compleja maraña de amores y desamores que arman el entramado de nuestros sentimientos más físicos y viscerales: el extracto más enigmático del encuentro humano, el amor y el odio contenidos en un mismo vaso.
Y lo mismo da que el autor construya su relato sobre la base de unas relaciones íntimas homosexuales, que si hubiera utilizado otro hilo conductor para esta novela, porque en resumen, este libro, aunque habla de sexo explícito, no trata de sexo, sino de la herida que sufre el alma humana en la soledad descarnada del desamor.
Recuerdo a Antonio en el tiempo en el que trabajaba en la novela: hermético, callado, no soltaba prenda sobre lo que estaba haciendo, sólo anunciaba que estaba haciéndolo. Finalmente tuve la primera copia en mis manos y recuerdo su frase:
- ¡Ahí está el ladrillo!
-¿Un ladrillo?
Pues sí, ahí está un elemento sobre el que estimular, provocar la  opinión del lector… o un objeto arrojadizo lanzado sobre nuestra crisma.
¿Pero, qué brecha es capaz de hacer este ladrillo? ¿Y a quién?
Por rudo, por duro que pueda resultar este relato (que lo es), después de darle muchas vueltas he llegado a la conclusión de que en realidad el autor no pretende agredir a sus lectores, no pretende su escándalo, sino más bien parece que quisiera ofrecer al observador un argumento, una herramienta con la que, de querer, podrían fracturarle el cráneo al artista en un pronto, en una virulenta reacción…. eso sí, concienzudamente provocada. ¡Pero que irritante! Finalmente el autor habrá conseguido su objetivo, porque después del ladrillazo, el lector terminará sintiéndose culpable.
Así que, por supuesto que se trata de un texto trampa en el que los sentimientos viscerales/pasionales son puestos hábilmente sobre la mesa y el autor nos ofrece un juego narcisista: el observador observado. El personaje de Caín se impone a sí mismo este dramático juego cayendo una y otra vez en su propia trampa, satisfecho de caer y, al mismo tiempo, doliente.
La obra se construye sobre recursos narrativos muy variados, entre los que me gustaría destacar algunos muy significativos en la peculiar narrativa del autor:
    - La acción se desarrolla en un Tiempo Interno Circular y Recurrente, en el que Caín lucha y se defiende con el ánimo de escapar a su propia ley de la gravedad. El personaje anhela alcanzar un proceso espiral ascendente, pero tantas y tantas veces cae en su propio derrumbamiento que no podremos dejar de preguntarnos si ¿conseguirá este Ícaro salir de su laberinto?
    - La Herida, siempre presente en este no-tiempo-no-espacio, es la expresión descarnada del dolor del alma, sin maquillaje ni glamour. La grandeza del sufrimiento humano es descrita minuciosamente, pero también sus miserias.
   - El Dilema Interior, a medio camino entre la esclavitud consentida y el ansia de libertad que siempre se encuentra al alcance de Caín, rozando su voluntad.
    - La paradójica Elección de Esclavitud que hace Caín ¿en realidad es una opción libre? ¿o es una justificación cobarde de abatimiento ante la vida?
    - Los Sentimientos Humanos ¿quién de entre los lectores no se ha visto alguna vez ante la herida del amor?
   - El Amor y el Odio, cara a cara, en el espejo oscuro de la mente. Un infinito abismo y sin embargo un estrecho filo que separa el deseo del rechazo. El relato se concentra en la descripción del deseo de posesión en su forma más carnal, quizás la más autodestructiva de sus manifestaciones, pero también la más estimulante.
   - Prosa fresca y natural, sencilla, cercana a nuestra forma cotidiana de hablarnos. El lector descubre un texto cargado de poesía, dura y descriptiva: colores, sabores, olores y sobre todo tacto, tacto carnal.
La exaltación del amor físico da carnalidad a un texto que se nutre magistralmente de las palabras, invitando al lector a acompañar a Caín, desde la primera fila del patio de butacas,  incluso desde el propio escenario. Los tiempos verbales se mezclan y confunden en el monólogo de Caín, sin que por ello el autor suelte la rienda del relato: el personaje desvaría en su delirio, el autor mantiene el ritmo y el control del texto en todo momento. El arriesgado contenido del relato pone al autor al límite de la elegancia posible. Un paso más allá y las palabras caerían al vacío de la chabacanería y de la vulgaridad. El lector tendría entonces una “coartada perfecta” para cerrar el libro. Pero no, no cae en este error, así que las palabras se sostienen en un punto sensible, demostrando que se puede decir todo, siempre que se diga con la maestría necesaria.
El texto evoca las obras del dramaturgo polaco Tadeusz Kantor, y su compañía teatral Cricot-2. Cantor, espectador y director, presenciaba sus obras sentado en silencio en una silla sobre el mismo escenario en el que sus actores, sus fantasmas, representaban el dolor de su existencia. ¿Qué papel elegirá el lector, el espectador de este drama ante esta Palabra de Caín? ¿Será el verdugo? ¿Llorará con la víctima? ¿Con Caín? ¿Con Abel? Ahí los tenemos a los tres, velatorio improvisado ante un cadáver simbólico: Abel, Caín y el lector, cómplices involuntarios o voluntarios de un sentimiento común de desesperación.
La descripción narrativa de este íntimo drama humano, que por callado no deja de ser terrible y cotidiano, nos descubre vulnerables a pesar de nuestras armaduras protectoras. Caín se transforma en la expresión del desamor y de la soledad más absoluta.
Pero este texto tiene muchas más lecturas: también podríamos reconocer un claro ejemplo de la crisis cultural en la que se encuentra nuestra sociedad asentada en la doble moral cristiana. Este libro es un reflejo incómodo, una carcajada feroz ante nuestras contradicciones sociales. El autor nos coloca ante el concepto más manoseado, más comercializado de nuestros principios cristianos: El Amor y la Entrega al Ser Amado. Al extremo de tanta exaltación, la obra nos presenta las fantasías sadomasoquistas del personaje, la entrega consentida y toda la carga emocional que provoca el “placer de la culpa” ¿Rebuscado concepto? No, en realidad se trata de sentimientos inconfesables muy habituales en las relaciones humanas de todos los tiempos.
¿Cuántas formas existen de matar a Abel? ¿Cuántas veces hemos matado a Abel en la profundidad de nuestras conciencias? Abel será siempre asesinable, porque reside en el sentimiento de su asesino. Ante la inocencia y la ausencia de Abel, Caín terminará por prescindir de él, creando en su mente delirante una imagen virtual de Abel: su alter ego perfecto sobre el que tramar su propio asesinato.
Así que Caín no necesita a Abel para gozar, sufrir, asesinar, adorar a Abel. Caín se sobra y se basta a sí mismo para encontrar la vida en el filo mismo de la navaja. Abel es tan sólo una excusa literaria para enfrentarse a la absurda, incomprensible fascinación que nos produce la vida y el profundo desconsuelo humano que nos provoca saber que la muerte nos arrebatará nuestro único tesoro. En este mismo sentido Teresa de Jesús escribía en su soledad después del éxtasis: “Vivo sin vivir en mí, y muero porque no muero”.
Y para finalizar, decir que hoy 12 de diciembre de 2007, día de la presentación de este libro, en el cielo majestuosamente se dispone una singular configuración astral que anuncia la importancia de los tiempos convulsos que se nos avecinan. Y además es miércoles, día propicio a la literatura, dedicado desde la antigüedad a Hermes, dios de la palabra y el número, protector de los escritores, los comerciantes y los mentirosos.
¿Y quién es Hermes-Mercurio, el Autor? Pues Hermes, dios y mensajero de los dioses, es hijo del divino Zeus. Los griegos le consideraban protector de los viajeros, comerciantes, ladrones, oradores y escritores. Sin embargo, su ocupación más relevante es la de conducir las almas de los difuntos hasta el reino de Hades, el Averno. Él es guía en los senderos que transitan desde el mundo de los vivos y al de los muertos y por esta razón fue llamado Hermes Psicopompo, el “conductor de almas”.
Dice la leyenda que cierto día, Hermes encontró en el Monte Citerón dos serpientes que luchaban entre sí. Entonces haciendo uso de su vara de oro, las separó. Las serpientes dejaron de luchar, se enroscaron pacíficamente alrededor de la vara y copularon. Desde entonces, la vara dorada con las dos serpientes enroscadas entre sí mirándose frente a frente fue llamada el “Caduceo de Hermes”. Pero el caduceo dorado no es tan sólo un emblema: en ejercicio de su más alta misión, Hermes Psicopompo utiliza el caduceo para cerrar los ojos de los difuntos, presidiendo la muerte. Aunque también forma parte de su misión estar presente en el coito como símbolo de la regeneración de la vida. Y es esta doble misión la que está simbolizada en las dos serpientes de su caduceo.
Para terminar, quiero sugeriros que siguiendo al autor probéis este Caín. Si os gusta, saboreadlo y si os desagrada, escupidlo. En ambos casos el autor quedará satisfecho, porque habréis aceptado la fruta prohibida. Gracias."

                                                                               Carmen de Hita
                                                                               Madrid, 12 diciembre 2007
 
< Anterior   Siguiente >
© 2005 Antonio de la Fuente Arjona.
Hosting By Domus VV.