ANTONIO DE LA FUENTE ARJONA
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EJERCICIOS DE EQUILIBRIO EN BARRA FIJA DE BAR (fragmentos) Imprimir E-Mail

© Antonio de la Fuente Arjona

       (Una noche cualquiera en un típico bar de copas de ciudad, con su camarero, su tanda de parroquianos y el alcohol, y el humo -la gente fumando sin parar-, y el alcohol... Y el alcohol marcando el ritmo de las conversaciones y de los hechos: los cansados monólogos o las confesiones inacabadas, los rodeos y digresiones para no llegar a ningún sitio, los continuos silencios o los estallidos repentinos...
    A excepción del último, todos los diálogos o escenas -los aquí denominados EJERCICIOS- suceden casi en el mismo periodo de tiempo. Sólo la luz, funcionando como una cámara, dirige la atención del público hacia un lugar determinado del escenario, sacando a un personaje -o varios- del tumulto general. Entonces, al cobrar protagonismo ciertos personajes, también su voz -y su diálogo- gana relieve sobre el murmullo habitual del bar: música, quizá un televisor que nadie mira, conversaciones de los otros presentes, ruido ambiente...
     Cada escena o EJERCICIO ofrecerá una perspectiva diferente del escenario -es decir: del decorado compuesto fundamentalmente por una barra de bar y poco más, y de la disposición de los personajes-, como si todo el escenario girara o se moviera para facilitar al público diferentes ángulos de visión del bar, de los protagonistas y de lo que allí sucede.
El texto establece la presencia casi continuada de nueve personajes/actores, pero según las posibilidades presupuestarias para contratar figuración y según la habilidad del director para dirigir el tráfico escénico, el bar podría/debería estar más concurrido: otras personas que también van y vienen, tan anónimas y tan protagonistas como éstas que hoy la luz -da la impresión que al azar- rescata momentáneamente del rebaño.)

(…)

 

EJERCICIO 2

     (La barra está en el lateral izquierdo del escenario y en una pequeña diagonal -casi perpendicular- respecto al público.
     Humo, ruido, música, conversaciones mezcladas, la luz destaca a DON CUBATA -con traje de ejecutivo y maletín- que bebe su combinado a sorbitos sin dejar de mirar su reloj una y otra vez. A su lado, en la barra, una copa llena -un vaso alto lleno hasta el borde de hielos, ginebra y tónica- brilla como con luz propia, pregonando así su abandono.
    Oímos el final de la discusión entre SIEMPRECERVEZA y el BARMAN:)

SIEMPRECERVEZA: ¡Qué sabrás tú! ¡Qué sabrás tú! Tú no sabes nada de nada. Anda, mejor no te metas donde no te llaman.
BARMAN: (Encogiéndose de hombros.)
Allá tú con tus historias.
     (Se acerca hasta donde está DON CUBATA.)
Me está bien empleado… Si en el fondo tiene razón: ¿quién me mandará a mí meterme…?

     (DON CUBATA da un trago, y después, impaciente, vuelve a mirar su reloj, el BARMAN no puede evitar fijarse en ese detalle.)

BARMAN: ¿Hoy se retrasa, no?...
     (Y señala el vaso solitario, lleno y fosforescente al lado de la copa casi vacía de DON CUBATA.)
A lo mejor hoy no viene.
DON CUBATA:
(Algo nervioso esconde rápido el reloj con la manga de la chaqueta.)

No digas eso, hombre.
BARMAN: (Iniciando una disculpa.)
No, si te lo digo porque como últimamente se retrasa…
DON CUBATA: Sí, es verdad. Pero siempre viene. Y ya está casi… Lo noto… Ya casi está.
     (Coge su vaso medio vacío y se lo enseña al BARMAN.)
Sólo se trata de alcanzar la medida exacta. Ni mucho ni poco. Con poco no llega y con demasiado se pasa de largo. Es una cuestión matemática.
    (Se lleva el vaso a los labios y apura los restos.)
Ponme otra que ya casi está.
BARMAN: (Empezando a servir la copa.)
Bueno, pues a ver si con ésta.
DON CUBATA: Dos dedos. Ya sabes. Sólo dos dedos de ron.
BARMAN: Sí, ya sé, tres hielos y dos dedos…
DON CUBATA: ¡Y hasta el borde de cocacola!
BARMAN: Que sí, no te preocupes.
DON CUBATA: Es por la matemática, ¿sabes? La fórmula debe ser exacta. Siempre. Ya sabes. Con poco no llega y…
BARMAN: Y con demasiado se pasa de largo, sí, ya sé.
     (A TINTOPELEÓN que no para de entrar y salir del bar.)
¡Tú! ¿Entras o sales? Decídete de una vez pero cierra esa maldita puerta que se escapa el humo...
    (Dirigiéndose a DON CUBATA.)
Siempre igual...
TINTOPELEÓN: (Acercándose a la barra. -Se nota que ya está bastante borracho, al andar se tambalea un poco, pero por otro lado se le ve seguro, muy natural, haciéndonos dudar de si verdaderamente está borracho o es que él es así.-)
Perdone jefe.
     (Y se arranca a cantar, aflamencado, un cante jondo por soleá o siguiriya pero muy por libre, muy personal, serio y solemne -y no lo hace mal del todo, a pesar del vino o gracias a él-...)
“¿Qué más quieres tú de mí
si hasta el agua que yo bebo
te la tengo que pedir?”

     (Parando en seco. Al BARMAN.)
Ponme algo. ¡Tengo una sed!
BARMAN: ¿Tienes dinero para pagarlo?
TINTOPELEÓN: (Buscándose en los bolsillos.)
¡Pues claro!... Y sino me invita este señor tan amable
    (por DON CUBATA),
¿verdad?
DON CUBATA: Sí, hombre, porqué no. Un día es un día.
BARMAN: Pero qué morro tienes, Tinto.

     (El BARMAN le sirve una copa de vino. DON CUBATA se dispone a pagar.)

DON CUBATA: ¿Cuánto es?
TINTOPELEÓN: ¡No!, no hace falta, caballero... Pero se le agradece el detalle, que conste.

     (Parece que ha encontrado el dinero.)
Mira, aquí tienes, mis ahorros...
    (Echando en la barra un puñado de calderilla.)
Hoy he roto la hucha de mi hija pequeña, era un cerdito tan bonito.
    (De nuevo a DON CUBATA.)
Se le agradece el detalle, que conste, quizá más tarde se lo cobre, ¿eh?, no se vaya, no se vaya...
    (Coge su vaso de vino, le da un buen trago.)
Ahora vuelvo, no se me vaya, voy a pasar lista, a ver si ya estamos todos, hoy he venido un poco más tarde, me he entretenío...
     (Alejándose, recorriendo el bar, deteniéndose delante de cada uno de los parroquianos, como haciendo memoria, queriendo recordarles...)
BARMAN: (A DON CUBATA.) 

Siempre hace lo mismo, menudo liante... Primero me marea con la puerta entrando y saliendo, entrando y saliendo, como si estuviese esperando algo o a alguien, hasta que no le llamo la atención no para. Así como le ves hoy va todos los días, tú ya le conoces, que parece que va empalmando una borrachera con otra, yo creo que nunca le he visto sobrio. Pero lo mejor es cuando se acerca a la barra, es lo mejor, me encanta el tío, es como un juego, se acerca, se arranca a cantar y después me pide un vaso de vino tinto… Mientras, se tantea los bolsillos hasta que encuentra algo de calderilla y se concentra como contándola, como calculando mentalmente si tendrá suficiente para pagar, ¡es como un juego!, él lo sabe, él sabe que el bar está lleno de gente como él: casi nadie puede pagar y todos lo hacen, de una forma o de otra, es algo que a mí no deja de sorprenderme, es...

      (Alguien llama al BARMAN, es SIEMPRECERVEZA.)

SIEMPRECERVEZA: ¡Oye, anda, ponnos otra!, ¡vamos a brindar, vamos a celebrar que mi hombre a vuelto!
BARMAN: (A DON CUBATA.)
Perdona un momento.

     (El BARMAN va hacia SIEMPRECERVEZA y COÑAC, en el camino coge botellas y vasos.
     Una mujer, GINTONIC, llegada de no se sabe dónde, se ha acercado a DON CUBATA por detrás, jugando a taparle los ojos con sus manos le susurra al oído:)

GINTONIC: ¿Quién soy?
DON CUBATA: ¡Has venido!

      (-GINTONIC es un personaje que sólo aparece físicamente en este EJERCICIO, en el transcurso de los demás se verá claramente que DON CUBATA habla solo.-)

GINTONIC: ¿Acaso lo dudabas?
DON CUBATA: Bueno… Últimamente pienso que… Bueno. Que algún día dejarás de venir. ¿No?
GINTONIC: No lo sé, aunque es cierto que cada día vengo más tarde, no sé porqué la verdad…
DON CUBATA: (Enseñando su copa.)
Yo hago lo que puedo.
GINTONIC: ¿Esta copa es para mí?
      (Y sin esperar respuesta coge el vaso solitario de la barra y echa un largo trago, sin embargo, misteriosamente, cuando vuelve a posarlo en la barra, la cantidad de líquido no ha disminuido ni un ápice. -Esto mismo ocurrirá durante toda la escena, el suyo será el único vaso que nunca se vacía.-)
¡Ah, qué gusto!... Esto no lo hay por allá. No sé si lograré acostumbrarme, te lo juro.
     (Señalando su maletín.)
¿Y tú qué tal? ¿Vienes del trabajo?... ¿Qué tal?
DON CUBATA: Bueno. Bien. Como siempre...

     (El ¡¡PLAS!! de una bofetada marca un compás de silencio, un frenazo en la actividad del bar. Todos miran hacia la zona donde están COÑAC y SIEMPRECERVEZA pero nadie reacciona. Pasados unos segundos cada cual vuelve a lo suyo.)

GINTONIC: Ese tío es un cabrón...
DON CUBATA: Siempre están igual.

      (TINTOPELEÓN regresa aleteando con los brazos, haciendo ¡Fiuuu! como si fuera el viento...)

TINTOPELEÓN: (A DON CUBATA.)
Me gusta este bar, mierda, me gusta...
     (Golpeando en la barra con la mano abierta.)
¡Me gusta esta barra!, una barra como debe ser, como Dios manda... Oye, ahora sí que acepto esa invitación, ¿sigue en pie?
DON CUBATA: Sí, claro.
TINTOPELEÓN: (Al BARMAN.)
¡Manolo!... O Paco, o como coño te llames, ponme otra, anda, que aquí se invita el famoso caballero del maletín.
BARMAN: ¡Pero qué morro tienes!
TINTOPELEÓN: (Se pone a cantar mientras el BARMAN le sirve, esta vez en sordina, como cantando secretos...)
“Todavía está en la cama
el hoyo que ella dejó
las horquillas de su pelo
y el peine que la peinó”
Beber y cantar, todo es empezar. No hay nada mejor...

      (A DON CUBATA.)
¡A su salud!...
      (De pronto, dirigiéndose a GINTONIC, como si ahora mismo se diera cuenta de su presencia.)
¿Usted qué opina señorita?... Hoy ha venido mu guapa.
GINTONIC: Gracias.
TINTOPELEÓN: (Acercándose más a ella, en tono confidencial.)
Los demás dirán lo que quieran, señorita, pero la muerte le sienta de maravilla.
BARMAN: ¡Pero qué bruto eres, Tinto!
TINTOPELEÓN: (Sin dar tiempo a que nadie más reaccione sigue con su “rollo”, volviéndose hacia DON CUBATA .)
Lo que yo te diga, la lealtad a un bar es lo que cuenta, y yo soy fiel fiel fiel a esta barra...
      (Y de nuevo da unos golpes en la barra con la mano abierta.)
Yo soy fiel a esta barra y te voy a decir porqué, llevo viniendo aquí desde hace...
     (se lo piensa),
¿más de diez años?
     (con sorpresa:)
¡Más de diez años!... Pues todos los días, de día, de tarde o de noche... Este bar no cierra nunca, parece una farmacia de guardia o las urgencias de un hospital, no cierra nunca y yo vengo aquí todos todos todos los días, nieve o truene, desde hace quince o veinte años, ¡que se dice pronto!, desde hace quince o veinte años... Han cambiao los camareros, los clientes, hasta los dueños han cambiao, creo, ¡pero yo no!, yo sigo viniendo, esta barra me gusta... Más de diez años, se dice pronto, más de diez años... ¿Ahora cómo salgo de aquí?, dime tú a mí, después de diez años no hay nadie que encuentre el camino de vuelta a casa...
BARMAN: Pero si ésta es tu casa, Tinto, pasas aquí más horas que con tú familia.
TINTOPELEÓN: ¡Pues eso es lo que yo digo, que ésta es mi casa!
BARMAN: ¿A que nunca te pierdes para llegar hasta aquí?

TINTOPELEÓN: (Quizá sorprendido, al pensarlo por primera vez.)
Pues no, nunca, nunca me pierdo.

        (De pronto se oyen gritos, insultos. En una de las esquinas de la barra COÑAC y SIEMPRECERVEZA se enzarzan en una pelea.)

(…)

                                                            EJERCICIOS DE EQUILIBRIO EN BARRA FIJA DE BAR , 2004

 
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